El transportarse en avión ha vivido cambios radicales desde su inclusión en el mundo comercial. Antes se usaba ropa de lujo, hoy hay quien vuela en pijama. Solía ser infrecuente, ahora es cotidiano. Y un aeropuerto que lo ha visto todo, es el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles (LAX).
LAX es la puerta indudable a los Estados Unidos. Es el quinto aeropuerto más transitado del mundo y un destino obligado para toda aerolínea que se jacte de ser internacional. Sus múltiples diseños arquitectónicos lo vuelven incluso un símbolo reconocible de California.
Hoy cuenta con nueve terminales, pero hubo un momento donde solamente tenía una pista en un campo de terrecería. Abrió sus alas el 1 de octubre de 1928, pero no tenía nada, ni siquiera vuelos frecuentes. Hoy parece más una plaza comercial que un lugar por el que pasan cientos de aviones al año. Cuenta con 62 restaurantes y tiendas de toda estirpe en su interior.
LAX es un espacio de contrastes. Un río interminable de viajeros pasa constantemente por su interior, pero su arquitectura inspira apertura, aire libre y climas templados. Exactamente lo que se quiere de Los Ángeles. Lo que depara a LAX es aún más apertura y conectividad. Incluirá un tren ligero y eléctrico que se unirá al metro con un nuevo andén. Es una manera muy eficiente de solventar su problema de transporte que le acongoja desde sus inicios.
En los 90 años de vida de este aeropuerto, se han vivido múltiples cambios en la aviación. Rayos X, interrogatorios y paranoia son a ratos sinónimo de salir de viaje. Muy pronto podremos ver en operación el reconocimiento facial que permitirá a la gente moverse con menos fastidio. LAX incluirá aún más puertos de embarque, espacios culinarios y áreas infantiles. Volar es parte de cómo se mueve la sociedad moderna. Es innegable. Lo que puede y debe hacer LAX es adaptarse a las necesidades de sus usuarios y así seguir siendo la puerta más importante a Estados Unidos.










