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Ilse Salas. Poder femenino

Ilse Salas. Poder Femenino.

Una serie, una película, una obra teatral más un premio Ariel, da como resultado a una actriz preocupada solo por sus necesidades creativas y que empezaron cuando quiso ser Sor Juana.

Por Pedro Montaño

Su presencia no es masiva, tampoco la vemos en omnipresentes campañas mediáticas, y menos en todas y cada una de esas fiestas o eventos donde asistir es un must para construir o mantener el estatus de una celebrity.

Ilse Salas es una actriz de esas que al ver, escuchar y vivir (porque verla actuar es eso, una vivencia), sabes que es real. Su calidez y amabilidad son una consecuencia de su fortaleza, sin duda, una mujer inteligente, independiente y consciente. Sabe que, de aceptar proyectos que podrían ser lucrativos y de una exposición de millones, su tiempo, su arte y necesidades artísticas podrían verse comprometidas. Así que prefiere algo que vaya más con ella. Medea, por ejemplo.

Ilse Salas. Poder femenino

Sus últimos tres proyectos muestran a mujeres poderosas que resaltan la estoicidad, el despertar a la realidad y el poder. Todos ellos, congruentes y necesarios para el camino que se está construyendo y que, en breve, con el llegar de algunos más, la consolidarán como eso que desde ayer ya sabíamos, Ilse Salas tendrá que aprender a lidiar con la fama y el glamour que devienen al convertirse en una de las mejores y más importantes actrices mexicanas a nivel internacional.

En entrevista con POST Mag, Ilse nos reveló y contagió un poco de ese poder femenino que emana.

¿Cómo fue que te diste cuenta de que querías actuar?

Ilse Salas: Fue muy jovencita, como en la prepa, por ahí, en realidad fue a través de la literatura, empecé a leer Sor Juana y era una adolescente atormentada. Yo sentía que tenía la misma intensidad interior que ella, y por supuesto que no, me equivoqué. Pero tú te crees todo y entonces mucho tiempo quise ser monja, hasta que llegaron las fiestas y los amigos, y es cuando me di cuenta de que quería interpretar a Sor Juana, no quería ser Sor Juana. Ese fue el inicio de un camino largo de entender qué es interpretar.

Después tuve una banda de música y hacia mis rolas, me gustaba la interpretación de las rolas, no el virtuosismo en la música y luego vi la película Dog Day Afternoon (Tarde de Perros), con Al Pacino, y dije: Yo quiero hacer eso.

 

¿Y tenías y aún tienes un plan B?

IS: No, la verdad es que no. La actuación me ha dado un mundo de posibilidades, pero no me he tomado ninguna de ellas en serio. Una de ellas a lo mejor es dirigir teatro, producir, podría involucrarme por ahí, pero no, no me he parado a reflexionar mi plan B. No soy de planes B, lo cual está muy mal.

 

O muy bien. Podría representar plena confianza y certeza…

IS: ¡Ojalá! (ríe).

¿Entonces has pensado en dirigir? ¿Y en escribir?

IS: Sólo he pensado en dirigir teatro, cine nunca, porque no tengo para nada el conocimiento, aunque tampoco he dirigido teatro, pero lo estudié. Voy todo el tiempo al teatro, tengo una noción muy clara de la puesta en escena y tengo un gusto personal, y me muero de ganas de dirigir teatro, creo que eso va a pasar pronto.

Y de escribir, pues no escribo, pero sí me meto de repente mucho a la parte creativa en los proyectos donde me involucro, y gracias a eso, ahora estoy desarrollando un proyecto con mis amigas que va bastante en serio, y aunque no estoy escribiendo un guion, estoy desarrollando en un escritorio una serie. No te puedo contar aún, ¡es una ultra sorpresa, una fantástica sorpresa! Ya empezamos a escribir, pero no sé cuándo la puedan ver.

 

¿Qué te da el teatro que no encuentras en el cine o la televisión?

IS: El hecho de que ocurre ahí y ahora. Se juegan con convenciones. Es como un contrato que haces con el espectador totalmente recíproco, es decir, en el teatro la energía del público puede construir una función maravillosa o una pésima función. Es una adrenalina tortuosa bastante masoquista pero tan especial que se convierte en una adicción. Los teatreros tenemos un grado de personalidad adictiva y de codependencia, es muchísimo trabajo y tiempo, y a mí me gusta tomarme mi tiempo para poder abordar a los personajes. El teatro me brinda todo eso y también el plus que tiene -al menos el teatro que yo hago o el que procuro hacer, porque también he hecho teatro comercial- es que está muy alejado del glamour, y yo necesito eso para tener cabeza solamente para la obra.

 

Sin embargo, si te has involucrado en proyectos con audiencia masiva, por ejemplo, Colosio de Netflix. ¿Cómo es el panorama para una actriz como tú con las plataformas digitales?

IS: Pues afortunadamente es un periodo con muchas posibilidades de trabajo creativo para los actores principalmente. Te puedes mover de un mundo a otro, la proyección que te da la tele o los sueldos, no te los da jamás el teatro. Incluso, el cine tampoco. Entonces, es muy bueno que haya esta posibilidad de hacer series que son realizadas por gente del cine. Los directores, los fotógrafos, los creativos que están metidos en las series, es gente que viene de ahí y tiene una calidad distinta a la televisión, y sobre todo hay que saber elegir, perseguir los proyectos que uno quiere y rechazar un montón de cosas, porque hay muchísimo trabajo y yo siempre me fijo bien.

Soy mucho menos famosa y tengo mucho menos dinero que a lo mejor otros actores o actrices que trabajan un montón, pero he elegido lo que realmente me compromete y unas por otras. Difícilmente yo me involucro en un proyecto que dure un año, con muchísimos capítulos, que no conozca los guiones antes de entrar, etc.  Entonces, es una satisfacción personal. Pero, ni modo, tengo menos fama y dinero.

 

A veces, uno cree tomar las mejores decisiones y luego no es así. ¿Hay alguien con quien consultas las tuyas, qué es lo que te hace rechazar un proyecto?

IS: Yo confío mucho en la intuición. Y, a menos que haya tenido, como todo mundo, broncas de dinero, a veces te tenido que decir: ‘por favor necesito conseguir un proyecto donde me paguen increíble, me vale casi casi que sea’. Por suerte soy una mujer muy bien administrada y eso ha pasado muy pocas veces en mi vida. Pero normalmente es muy rápido cuando sé qué me interesa y qué no. Depende de la gente que está involucrada, el personaje que me ofrecen y también tengo pláticas con mis managers que son Fabiola Peña y Rubí Castillo. Ellas no me dicen que hacer, que aceptar o que no aceptar, sino que me comunico muy bien con ellas y saben perfecto qué proyectos me interesan y van a buscarlos, es el complemento que ha construido mi carrera también.

 

¿Qué quiere Ilse Salas como actriz? ¿Cuál sería su punto más alto en la actuación?

IS: Me parecen valiosas todas las carreras de los artistas, mientras estén conscientes de sus elecciones y si esa es su voluntad… hay fantásticos actores que hacen telenovelas, que son increíbles y encantadores, que tienen una muy bonita carrera ahí, y yo jamás juzgaría que mi carrera es más valiosa que esa, no me gusta la gente que lo juzga así. Yo lo que busco es lo que cubra mis necesidades creativas, que son muy poderosas. Un ejemplo es Medea, llevaba mucho tiempo queriendo montar está obra, me involucré creativamente en la dramaturgia y es un proyecto personal con un director que es mi amigo. Tuve que parar todo lo demás, que a lo mejor era interesante, porque mi necesidad interna quería contar otra historia, quería contar Medea.

Es muy fácil para mi decidir, está ahí, no tengo una deuda, no tengo una enfermedad que me haga involucrarme en un trabajo por dinero. Todo está acomodado para que yo me pueda desaparecer y dedicarme a algo que es muy chiquito porque es una necesidad visceral, totalmente.

 

¿Ilse Salas para Ilse Salas, es buena actriz?

IS: ¡Si! Pero no me gusta hablar de mi misma, me parece atroz. Es como sumarle tres rayitas a la egomanía de todos los actores y ya tengo mucha, pero tampoco soy modesta y soy una actriz muy trabajadora y disciplinada y entiendo mi oficio.

 

¿Qué predomina en tu trabajo, la pasión o la razón? ¿Cómo equilibras ambas fuerzas?

IS: No lo sé, la verdad es que no lo suelo analizar tanto, es muy intuitivo, muy pedestre, hay ciertas obras que me llaman a nivel intelectual y que luego se transforman, que bajan al cuerpo y a las emociones, y hay otros proyectos que me han llamado porque emocionalmente coinciden con un momento mío, donde me tocan ciertas fibras emocionales y así. Lo único que sé es que de repente me ofrecen tres cosas y es muy claro cuál quiero hacer y cuál no, y a lo mejor lo entiendo mucho tiempo después, el por qué tomé esa decisión, pero en el preciso momento en el que tengo que decidir si firmo o no el contrato, es muy intuitivo.

 

En cuanto a la serie Colosio, ¿Que te gustó del papel de Diana Laura que captura toda la atención?

IS: Yo sabía que querían enfocarse en Diana Laura, no solo en el hecho de la muerte de Colosio y me intrigaba el personaje, cuál era el mundo interior de ese personaje que aparentemente está bien y que reaccionó tan estoicamente ante esa situación. Los involucrados, los escritores de los guiones que conozco, también me llamaron la atención, quería trabajar con ellos y el hecho de que fueran dos directoras mujeres, también fue un punto importante que me causó muchas ganas de hacerlo y revisitar un año que, yo recuerdo de niña, realmente sacudió el país, pero yo no entendía a qué dimensiones. Históricamente, también tenía esa inquietud, de aprender más sobre ese año tan violento.

 

En tu opinión, ¿Colosio era así de grande, prometía tanto?

IS: Pues eso no está en mi juzgarlo. Hay gente que le hizo monumentos, que lo consideraba hasta un santo, la posibilidad real de un cambio, nunca lo sabremos. Pero sin duda, era alguien que entorpecía el camino de otros y el resto de la historia se la hace cada uno.

 

La película Las Niñas Bien, que te hizo ganar un premio Ariel, tiene en común con la serie el enfoque hacia la mujer, ¿Cuál es tu visión actual de la mujer en México?

IS: Estamos en una oleada de un nuevo feminismo. Hay un libro que me gusta mucho de Gabriela Jáuregui que se llama Tsunami, con varias mujeres escribiendo al respecto, pero me gusta cómo cita esta nueva ola del feminismo, si pensamos que la primera oleada fue en los setentas internacionalmente hablando. Digamos que esta fue ya la tercera, cuarta ola, que yo sí percibo en todos lados. Es un despertar de las mujeres a raíz de los #MeToo, del #YaEsHora gringo, #Time´sUp o de varios movimientos que han explotado desde hace un par de años. Se reafirmó una necesidad contundente de replantearnos en donde seguimos paradas y qué tanto hay que transformar, entonces me siento completamente dentro de esta ola, trepadísima con los lentes de cachar el patriarcado y una vez que te los pones, te vas de espaldas porque está en todos lados.

Siento que en el cine con Las Niñas Bien, acabó siendo sin querer una postura feminista en tanto que la mayoría de las involucradas éramos mujeres. Hablamos del mundo interior de una mujer, de la violencia femenina y no tiene nada que ver con el punto de vista masculino. A partir de ahí, para mí fue muy claro que yo tengo esa necesidad de hablar desde el punto de vista de la mujer. La historia la conocemos por los hombres que nos la cuentan, y es muy distinto cuando no las cuentan las mujeres. Siento que esto es un despertar feminista que puede ser transformador, hay que abrazarlo y comprometerse, hay que hacer comunidad.

 

¿En qué debemos fijarnos?

IS: En cualquier instrucción que venga de hombres favoreciendo el crecimiento político, económico y social solo de los hombres. Es decir, si le pagan más dinero al hombre o si el hombre tiene más posibilidades de crecimiento profesional que tú, etc. Cualquier cosa que los favorezca a ellos es parte del patriarcado, cualquier cosa que no te estimule a ti como mujer a tener el crecimiento profesional, espiritual, social, político y económico, es donde hay que inmiscuirse y lograr esa igualdad que tanto buscamos. Para mí, es muy claro que en todos lados se le permite al hombre estar fuera de casa, aunque la mujer también es proveedora.

Al hombre cuando está esperando un bebé no lo corren de su trabajo, no le ponen de condición que no puede ser padre, hay muchos trabajos en donde te dicen que no te puedes embarazar, hay desigualdad de sueldos por doquier. Al hombre no le dicen que modifique su forma de vestir para que no provoque a las mujeres, la promiscuidad en el hombre está socialmente aceptada, en la mujer no. Y así nos podemos seguir con un chorro de condiciones con las que vivimos diariamente.

Ilse Salas. Poder femenino

 

En las redes sociales, ¿cómo lidias con los hombres que no están de acuerdo contigo?

IS: Algo con lo que yo he crecido, es que no quiero tener un millón de amigos (risas). No me agobia mucho, quizá por eso soy impertinente y luego políticamente incorrecta. No me aflige mucho perder seguidores, yo quiero vivir en armonía con el sexo opuesto y con mi propio sexo, tengo igual de desacuerdos con mujeres que con hombres, pero me gusta la discusión y me gusta la confrontación pacífica y son temas que me gusta discutir con mis amigos, con la gente con la que trabajo, con mi esposo, con mis suegros. Me gusta discutir desde niña y creo que el feminismo hoy es discutible.

Y los hombres que no estén de acuerdo en la igualdad política, económica y social de hombres y mujeres no son parte de mi vida, punto. No me interesa ni tenerlos ni como amigos, ni como amantes, ni como novios, ni como nada.

 

¿Y cuando son mujeres que no están de acuerdo en el feminismo?

IS: Igual, me interesa oír las opiniones, me gusta la gente, soy un ser social, pero si una mujer no está de acuerdo en que tengo las mismas posibilidades de crecer que un hombre, seguramente no tenemos mucho en común, pero no pasa nada.

 

Y justamente, Medea es como una última vuelta de tuerca a este enfoque a la mujer, que es el hilo conductor de tus últimos trabajos. En está reversión qué haces, al final termina convirtiéndose en aquello contra lo que luchaba.

IS: Es lo que te digo, la intuición me lleva a tener posturas contundentes, pero me doy cuenta después, es como si tuviera un chip escondido que me dice por dónde ir y luego lo entiendo todo. Medea, finalmente es un discurso sobre género, de una mujer que ha sido participe y contribuye activamente a construir esta figura del hombre que la oprime.

Ha sido una mujer machista y en la versión de Antonio Zúñiga, este fantástico dramaturgo, queda más claro, porque con Eurípides, tiene muchas lecturas, pero aquí claramente ella tiene una epifanía donde se da cuenta que lucha contra el patriarcado, pero siendo un hombre más que traiciona a su género y que ella misma puso en el pedestal a ese hombre que ahora desprecia. Y es un símbolo, para mí es un símbolo, todas las mujeres hemos contribuido a que los hombres estén donde están.

 

Entrevista publicada originalmente en POST Mag edición julio 2019.

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