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Recordando a Jorge Ibargüengoitia

Pocos autores poseen la trascendencia de Ibargüengoitia. Su sentido crítico y sentido del humor lo hacen uno de los mejores autores del siglo XX. Este 2018 se cumplen 90 años del natalicio de Ibargüengoitia y recordamos su estilo e invaluable aporte a la escritura.

Nació en Guanajuato en 1928. Estudió en un inicio ingeniería en la UNAM por presión de su familia pero antes de terminar su carrera se cambió a Letras. Su obra es extensa y conocida por todos. Aún los que no recuerdan su nombre lo han leído.

Le apasionaba la historia de México en todas sus facetas. Su sátira e ironía fueron sus herramientas para burlarse del gobierno, la milicia y demás percances del poder en México. Escribió obras de teatro y varios artículos pero resaltan sus novelas como Maten al león (1969), Estas ruinas que ves (1975), Las muertas (1977), Dos crímenes(1979)Los pasos de López (1982).

Quizá su obra más reconocida popularmente – además de Dos crímenes, que es lectura obligatoria en muchas escuelas – es La Ley de Herodes (1967). Es el único libro de cuentos que publicó Ibargüengoitia. En estos textos el autor obliga al lector a ser su cómplice. Es sarcástica y a ratos cruel, pero cómo se disfruta.

Es una verdadera fortuna que Ibargüengoitia se atreviera a ser escritor y no ingeniero. No es que no pudiera, es que no quería. Solamente hay un texto que no conocemos de su obra. Aquel que se destruyó en el mismo accidente aéreo en el que falleció el autor un 27 de noviembre de 1983. Es triste no saber más de esa obra perdida o de los que se perdieron en los confines de la imaginación del escritor. Pero una escena en la que un gran autor muere y su obra se pierde con él, dejando con hambre a sus lectores por siempre, es el tipo de ironías por las que él vivía.