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Todo lo que necesitas saber del puro (y cómo disfrutarlo)

Ha pasado por muchas facetas en su historia. Desde ser un ingrediente mágico hasta ser un artículo de lujo. El cigarro puro (o sólo puro), es muy icónico y es sumamente apreciado entre los conocedores.

Así como entre vinos hay gustos y catadores, con los puros es igual. Es un círculo muy ecléctico ya que requiere mucho conocimiento y educación. 

No se sabe bien su origen, pero el tabaco siempre se ha fumado en toda la región de América entre las primeras naciones. La misma palabra «cigarro» viene del maya «sikar» que es el verbo de fumar las hojas de tabaco enrolladas. Cuando ocurrió la conquista, su consumo pasó a ser un gusto de la élite, aunque cabe recalcar que muchas comunidades lo siguen fumando como parte de su identidad.

Algo que tienes que saber de los puros es que:

Son naturales y artesanales

Todo, desde su color hasta su aroma, es producto de su cultivo y tratamiento. El tabaco no debe de tocar ningún tipo de elemento sintético, por lo menos los más finos así se cuidan. Se enrollan a mano, se añejan a mano, se cuidan a mano. Los mejores puros son hojas enteras envueltas sobre sí mismas. Los de tabaco picado son de menor estirpe. Como siempre, natural es mejor.

Es relajado

Por más que se guste del puro, debe fumarse lento. Su origen es de una planta medicinal y religiosa, es para disfrutar al máximo los mejores momentos. El puro no debe fumarse como un cigarrillo. Un puro de línea alta puede tardar más de una hora en consumirse.

Deben investigarse

Existen puros de todos orígenes, añejamientos, formas y tamaños. El que sea el mejor para ti será una cuestión de práctica y desarrollo de tu paladar. Recomendamos que visites un humidor (local especial donde venden y conservan puros), para encontrar los ideales con los que te inicies. Los que encuentras en tiendas de conveniencia no siempre son los más agradables al gusto.

Ahora que tienes tu puro ¿qué hay que hacer? Disfrutarlo por supuesto. Y como todo, es mejor acompañado. El chiste de fumar mientras consumes algo como un whiskey, es resaltar aquellos gustos que son más difíciles de percibir. Puede ser truculento, ya que el mundo de la bebida y el cigarro no siempre se conocen entre sí. La mejor manera de crear una buena dupla es que el trago y el tabaco sean del mismo cuerpo. 

El cuerpo de un puro es el impacto que tiene en la boca y la nariz. Puede ser fuerte, medio y delicado. No  tienen que ser bebidas alcohólicas, pero es la combinación clásica. La decisión final la tienes tú. Lo que debes recordar es que normalmente no van bien con licores claros como vodka y gin. Tus puros los puedes acompañar así:

  • Delicados: Con vino blanco, cerveza lager, un tinto joven, mezcal o tequila suave. Una opción sin alcohol es la cerveza de jengibre, cerveza de raíz o té verde.
  • Medios: Van bien con coñac (su compañero más común), whisky, whiskey americano, en general lo que tenga sabor a caramelo, como la cuba o el carajillo. También puede ser con refresco de cola o té chai sin leche.
  • Fuertes: Estos también se pueden acompañar con coñac y whisky, pero sobresalen por ir muy bien con cerveza tipo Stout, ron añejo y oporto. Al ser puros de aromas más complejos, van bien incluso solamente con agua mineral (whisky soda si insisten). Otra forma de disfrutarlo es con café ya que limpia el paladar y te permitirá descubrir los diferentes matices que tiene el puro en su proceso de consumo.