Cuando Audemars Piguet enfrentó a los relojes de cuarzo (y revertió el marcador).
Hubo un momento en el que el futuro de la Alta relojería se vislumbraba, más que incierto, muy oscuro.
A finales de los años setenta, los relojes de cuarzo comenzaban a transformar una industria que durante siglos había dependido de engranajes, resortes y del trabajo minucioso de los relojeros.
Los relojes de cuarzo o electrónicos, empezaron a diferenciarse porque incorporan un pequeño cristal de cuarzo para medir el tiempo con gran precisión. Además, al ser más fáciles de producir empezaron a fabricarse en serie. Pero sobre todo, representaban una nueva manera de entender el tiempo. Marcas como Casio, Citizen, Timex y Seiko estaban detrás de estos nuevos relojes que cada día ganaban más popularidad.
Para muchas casas suizas, la pregunta ya no era cómo perfeccionar la relojería mecánica, sino cómo sobrevivir a una revolución que parecía inevitable.
La respuesta de Audemars Piguet
En medio de aquella incertidumbre, Audemars Piguet tomó una decisión que, vista hoy en retrospectiva, parece casi una provocación.
En lugar de abandonar la mecánica, decidió llevarla hasta uno de sus límites.
La historia comenzó lejos de los grandes anuncios y de las campañas publicitarias, cuando tres jóvenes relojeros de la manufactura comenzaron a trabajar discretamente en una complicación que parecía pertenecer a otra época.
Su objetivo era tan ambicioso como contradictorio con el momento que atravesaba la industria: crear un calendario perpetuo automático extremadamente delgado.
No buscaban simplemente recuperar una complicación histórica. Querían demostrar que la relojería mecánica todavía podía innovar y que, incluso frente a la precisión del cuarzo, existía espacio para hacer algo que una máquina electrónica no podía reproducir de la misma manera.
El resultado fue el Audemars Piguet Calendario Perpetuo Automático Ref. 5548, presentado en 1978.
Un parteaguas
Con apenas 3.95 milímetros de grosor, se convirtió en aquel momento en el calendario perpetuo automático más delgado del mundo. En su interior latía el calibre 2120/2800.
Pero la verdadera historia detrás del reloj no está solamente en sus dimensiones. Está en que el proyecto comenzó prácticamente como una iniciativa secreta de los propios relojeros.
Lo que ocurrió después convirtió aquella apuesta en uno de los episodios menos conocidos y más reveladores de la historia moderna de Audemars Piguet. Antes incluso de presentar oficialmente el reloj, la manufactura decidió producir una primera serie de 159 ejemplares.
En una época en la que los relojes mecánicos parecían estar perdiendo la batalla contra el cuarzo, AP acababa de apostar precisamente por aquello que muchos daban por terminado: la complejidad, la miniaturización y el ingenio de la relojería mecánica.