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Guanajuato: Puebleando en sus municipios - POST Mag

Guanajuato: Puebleando en sus municipios

Guanajuato: Puebleando en los maravillosos municipios de Ocampo, San Felipe y San Diego de la Unión.

Por Dennis Delgadillo Mañon

Guanajuato es famoso por muchas razones. Por sus ciudades coloniales Patrimonio de la Humanidad (Guanajuato capital y San Miguel de Allende), su rica historia minera y de independencia, y pueblos mágicos como Dolores Hidalgo.

También es sede del Festival Cervantino y ofrece turismo gastronómico y de aventura. Probablemente creas que si has experimentado alguna de los atractivos anteriores, o todos, ya conoces Guanajuato. La realidad es que hay mucho más.

Hay una parte, menos famosa en comparación, que también ofrece momentos inolvidables, especialmente si te gusta pueblear. Descúbrelos a continuación.

San Felipe Torres Mochas

El viaje comienza en San Felipe Torres Mochas, uno de los municipios más antiguos del norte de Guanajuato. Por si te lo preguntas, San Felipe recibió el apodo de «Torres Mochas» porque la torre y el campanario de la Parroquia de San Felipe Apóstol permanecieron incompletos por 243 años.

Mi visita coincidió con la 44ª Feria San Miguel Arcángel y la Alfarería, una de las fiestas más importantes del norte del estado. Es una festividad que combina la fe, la tradición alfarera, la música, las tradiciones y la convivencia familiar.

Entre el bullicio de los visitantes y los aromas de comida típica, hicimos una pausa para comer en el restaurante de mariscos “El Delfín” (@restaurante_delfin), un espacio familiar con más de 44 años de historia.

Con un menú variado y donde destacan los cocteles de camarón, hamburguesas de pescado, tostadas de pulpo y ceviches; el platillo estrella fueron los camarones al mezcal. Una receta que mezcla lo local con lo innovador, manteniendo el toque casero que caracteriza a la cocina de los abuelos que iniciaron este legado culinario. Si gustas de los mariscos frescos y con gran sabor, este es el lugar que tienes que visitar.

Moros y Cristianos

Uno de los momentos más esperados de la feria es la representación de Moros y Cristianos, una puesta en escena donde se revive simbólicamente la lucha entre el bien y el mal: San Miguel Arcángel contra Lucifer. Este evento religioso y teatral tiene fechas bien marcadas. El 28 de septiembre se realiza el encuentro, el 29 la batalla y la misa, y el 30 el combate final, que concluye con el rescate de la imagen y el cierre de la “morisma”.

Ya por la noche, en el corazón del municipio se encuentra El Metate (@elmetatesnf), una pequeña pizzería que surgió durante la pandemia gracias al esfuerzo de tres hermanos que encontraron en la cocina una manera de salir adelante. Por las mañanas, de 8:00 a 13:00 horas, preparan gorditas y tortillas recién hechas, además de antojitos típicos. Por las tardes, el mismo espacio se transforma en una pizzería artesanal, abierta de 3:00 a 10:00 pm.

El menú ofrece deliciosos clásicos como tres quesos, italiana, carnes frías o pepperoni. Y otras más originales como pastor y arrachera. Así es, aquí no le ponen esa carne a tus tacos, sino a tu pizza. La que elegí fue napolitana (queso, jitomate, queso de cabra y albahaca), y estuvo sensacional.

Este proyecto familiar se ha convertido en un punto de encuentro para la comunidad, uniendo la tradición del maíz con nuevos sabores que atraen tanto a locales como a visitantes.

 

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Un nuevo día en San Felipe

El segundo día del recorrido comenzó con un desayuno en casa de Doña Mago. Este es un conocidísimo lugar de comida tradicional en San Felipe, donde la especialidad son las gorditas de chile rojo y otros guisos.

El aroma del maíz recién cocido guía a los visitantes hasta la cocina de Doña Mago, una de las guardianas de la cocina tradicional del municipio. Sus gorditas hechas al comal y cocinadas con leña conservan el sabor auténtico de las recetas de antaño, aquellas que se preparaban sin prisa y con manos expertas.

La masa, elaborada con maíz nixtamalizado, se amasa al momento y se cuece directamente sobre el comal calentado con leña, lo que impregna a las gorditas de un aroma ahumado inconfundible. Los rellenos varían entre frijoles refritos, queso fresco, chicharrón, picadillo y nopales, acompañados de salsas molcajeteadas con chiles de la región. No encontrarás nada más tradicional en toda la región.

 

Mezcalería Villasuso

Después visitamos la Mezcalería Villasuso (@mezcalvillasuso), una de las más representativas del municipio. Allí, Pedro Valdez, productor y embotellador, compartió la historia de una familia que lleva décadas perfeccionando el arte del mezcal.

Su mezcal es de agave salmiana, elaborado de manera artesanal. Cuentan con presentaciones estándar —ideales para cócteles— y ediciones más cuidadas y añejadas en barricas de roble americano.

A diferencia de otros estados, en San Felipe el mezcal no es ahumado, pues el cocimiento se hace sin leña, lo que conserva el sabor puro de la planta. La mezcalería produce cerca de 200,000 litros al año, de los cuales 10,000 se exportan. Además, ha recibido reconocimiento internacional por su calidad y autenticidad. Como ellos dicen: “Si vas a tomar mezcal, que sea uno que respete su origen y sepa a lo que es: México puro”.

 

Bodegas Guanamé

Nuestra siguiente parada fue Bodegas Guanamé (vinosguaname.com), fundadas en 2011 por la familia Torres, que transformó una antigua tierra agrícola en un viñedo que hoy ofrece recorridos, degustaciones y experiencias enoturísticas.

El proyecto comenzó en 2006 con la producción de rompope artesanal, y poco a poco evolucionó hacia la elaboración de vino, bajo la dirección de Elías Torres Jr., quien trajo la experiencia adquirida en Europa para perfeccionar los procesos locales.

El viñedo cultiva uvas de mesa tipo Globo Rojo, tradicionalmente más dulces, adaptadas para producir vinos equilibrados. En 2014 embotellaron su primer vino. Como nos explicaron durante el recorrido, “la edad de la vid se mide por el grosor del tronco. Cuanto más antigua, menor cantidad pero mejor calidad de uva”.

La vendimia se realiza de madrugada, alrededor de las 3:00 am., cuando el cultivo aún “duerme” y el azúcar se conserva mejor. El vino joven se embotella al finalizar la fermentación, mientras que el vino tinto pasa por una doble fermentación y se añeja en barricas de roble francés entre 12 y 24 meses. Su etiqueta más distinguida es Pájaro Azul, considerada la joya de la casa.

Viñedo Los Arcángeles

Para cerrar el día, cenamos en el Viñedo Los Arcángeles (vinedolosarcangeles.com), un lugar que combina la elegancia de sus 14 etiquetas con la calidez de la hospitalidad rural. Sus vinos reposan entre 24 y 36 meses en barrica, y la experiencia se acompaña con cerveza artesanal y maridajes con tablas de quesos.

Los visitantes pueden disfrutar de recorridos guiados con degustación, que incluyen tres copas de vino y acceso a los campos, terrazas y área de producción, disponibles de jueves a sábado.

El viñedo también ofrece hospedaje en su casa rural de ocho habitaciones. Ideal para quienes buscan desconectarse entre viñedos y atardeceres.

San Diego de la Unión

En el tercer día en Guanajuato, el recorrido continuó hacia San Diego de la Unión. Rodeado de colinas doradas y caminos que guardan historias de familias, oficios y celebraciones religiosas.

Es un municipio que conserva con orgullo su identidad agrícola y ganadera. Pero, al mismo tiempo, comienza a abrirse al turismo, ofreciendo hospitalidad genuina y paisajes que invitan a la calma.

San Diego de la Unión fue parte del antiguo Camino Real de Tierra Adentro, ruta comercial que unía Guanajuato con Zacatecas durante la época colonial. Por aquí pasaban las caravanas que transportaban plata, cal y cantera, haciendo del pueblo una parada estratégica para el descanso de los mineros y sus animales de carga.

Con el tiempo, la localidad fue creciendo alrededor de su templo principal, la Iglesia de San Diego de Alcalá, una joya barroca que tardó 167 años en construirse. Su interior guarda un camarín de adoración y detalles tallados en cantera que reflejan la devoción y la paciencia de generaciones enteras.

Originalmente conocido como “el pueblo del biscocho”, San Diego de la Unión conserva su traza urbana desde 1719. Su plaza principal ha sido reconstruida tres veces y, bajo el nombre de Jardín Hidalgo, sigue siendo el punto donde convergen la historia y la vida cotidiana.

La fe tiene un papel central en la identidad de San Diego. Cada año, en noviembre, el pueblo celebra dos grandes festividades: la Fiesta de San Miguel Arcángel y la Fiesta Regional en honor a San Diego de Alcalá.

El novenario inicia el 1 de noviembre, y del 11 al 16 el recinto ferial se llena de música, juegos mecánicos, danzas, gastronomía y artesanías.

Presa de San Franco

A unos minutos del centro, se encuentra la Presa de San Franco, considerada la segunda más limpia del estado de Guanajuato. Rodeada de vegetación y colinas suaves, es un espacio ideal para actividades al aire libre como kayak, pesca deportiva, paseos en lancha, ciclismo de montaña, tirolesa y picnic.

Los visitantes pueden pescar bagre y mojarra, con una cuota de acceso de 20 pesos, y rentar lanchas a precios accesibles. Felipe López, uno de los principales impulsores de la zona, nos contó que además de ser un punto turístico, el área es fuente de vida para los agricultores locales, quienes cultivan maíz y frijol en sus alrededores.

El cuerpo de agua alcanza una profundidad de 15 metros y ha sido escenario de torneos, como el Campeonato de Pesca de septiembre, con la intención de posicionar al municipio en rankings internacionales. De hecho, entre 2015 y 2018, San Diego fue sede de competencias que atrajeron pescadores de todo el país, consolidando su fama en el deporte recreativo.

 

Peña Alta

Para los amantes del ecoturismo, Peña Alta es el principal atractivo. Se trata de un área natural protegida desde el año 2000, que ofrece actividades de senderismo, ciclismo, acampado y tirolesa.

El recorrido hacia la cima —de aproximadamente dos horas— permite disfrutar vistas panorámicas del valle, con paradas en puntos emblemáticos como La Peña del Caballo, la Mina del Mudo y una pequeña cascada escondida entre los riscos.

Las rutas pueden hacerse a cualquier hora del día y el sitio cuenta con guías locales expertos.

Más allá de Peña Alta, el entorno natural de San Diego ofrece otras joyas poco conocidas, como el volcán de La Montañita. Ahí se levanta una pequeña capilla construida para “mantener dormido” al volcán, según la tradición local.

Este sitio se ha convertido en parada obligada dentro de la ruta ciclista que conecta San Felipe con San Diego. El recorrido dura alrededor de una hora con cuarenta minutos.

Ocampo

El último día del recorrido lo dedicamos a Ocampo, un municipio que respira historia y fe, enclavado en la región norte de Guanajuato.

Fundado hace 158 años, Ocampo es un lugar donde la tradición rural convive con el eco constante de la migración. Cerca del 70% de sus habitantes tienen familiares que trabajan en Estados Unidos, principalmente en Dallas, hacia donde salen camiones directos cada semana. Es un testimonio de la conexión permanente entre el pueblo y su gente que vive en tierras estadounidenses.

 

El corazón del municipio late en la Parroquia de San Juan Bautista, un templo de 160 años de antigüedad que domina el centro con su arquitectura sobria y su invaluable acervo de arte sacro. Cada 24 de junio, el pueblo celebra en grande la fiesta patronal en honor a San Juan Bautista. Esta tradición atrae a los migrantes que regresan para reencontrarse con sus raíces y participar en la procesión.

Antiguamente, Ocampo era conocido como San Juan Vaquero, nombre que refleja su identidad ganadera, uno de los pilares económicos junto con la agricultura y las remesas enviadas por los paisanos.

La vida del campo sigue marcando el ritmo de la comunidad. Los cultivos de maíz y frijol aún sustentan a muchas familias, y las tradiciones religiosas se mezclan con la cotidianidad del trabajo rural.

Durante las celebraciones decembrinas, del 8 al 12 de diciembre, la imagen de la Virgen recorre las casas de los habitantes en una verbena que cierra con una gran fiesta el 8 de diciembre. Ahí, la fe se convierte en un acto colectivo de unión y esperanza.

 

El Cóporo

Uno de los mayores tesoros del municipio es la zona arqueológica de El Cóporo. Este antiguo asentamiento chichimeca conserva estructuras ceremoniales y vestigios de una cultura que floreció siglos antes de la llegada de los españoles.

El sitio cobra vida durante los cuatro equinoccios del año, especialmente en marzo, cuando grupos chichimecas jonaces se reúnen para realizar ceremonias tradicionales y una feria gastronómica que rescata platillos ancestrales.

Estos encuentros, además de rendir tributo a la naturaleza y al sol, refuerzan el vínculo entre pasado y presente. Recuerdan también, que Ocampo no solo es un pueblo de fe, sino también un punto de encuentro entre culturas.

 

El Molinito

En la comunidad de Las Trojes, Ocampo, se encuentra El Molinito, un parque ecoturístico que combina historia y naturaleza. Rodeado de árboles y atravesado por una presa de aguas limpias, el sitio conserva las antiguas construcciones de un molino del siglo XIX, hoy adaptadas para el descanso y la convivencia familiar.

Ocampo también se distingue por su gastronomía local, llena de identidad. Un clásico imperdible son las tortas de chorizo. El chorizo —mezcla de carne molida de res y puerco, chiles secos y especias tradicionales— se sirve en un bolillo crujiente que se ha convertido en símbolo del pueblo. Las filas frente a los puestos, sobre todo los fines de semana, son parte del ritual gastronómico de los ocampenses.

Tres municipios

Guanajuato es más que su capital y lugares emblemáticos como San Miguel de Allende. También es historia, tradición y fe. Sus municipios de Ocampo, San Felipe y San Diego de la Unión, esperan a ser descubiertos por ti.guanajuato.mx

 

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