Hay mil y un razones por las qué hospedarse en el Hotel Schloss Leopoldskron. Sin duda, lo que más enamora es su historia. Su construcción inició en 1736 a las orillas de un lago en Salzburgo. Fue encargo del conde Leopold Anton Eleutherius von Firmian. Por él recibe su nombre: Leopoldskron. Estuvo en varias manos. Reyes, banqueros millonarios, duques y coleccionistas de arte.
Fue en 1918 que pasó a ser propiedad de Max Reinhardt, el fundador del Festival de Salzburgo y un afamado director de teatro. Reinhardt amaba el palacio. De su bolsillo pagó todas sus reparaciones. Pasó 20 años dando mantenimiento y cuidados a esta construcción. Es gracias a él que se tienen los salones más icónicos del lugar. El director usaba todo el palacio como su set de teatro. El público debía seguir a los actores de cuarto en cuarto. Todo parecía un cuento de hadas… hasta 1938.
Con el anexo de Austria al Tercer Reich, Reinhardt huyó a EE.UU. donde murió en 1943, antes de la victoria de los Aliados. Él abandonó el palacio, que fue ocupado por los nazis, ya que su gobierno les permitía confiscar las propiedades de los judíos. Ahí se albergaron espías, princesas y se quería acondicionar para ser el lugar de recepción para Hitler cuando quisiera visitar los Alpes. Los mozos que sirvieron a Reinhardt escondieron como pudieron los tesoros de su antiguo empleador, logrando salvar así piezas de arte muy valiosas y cientos de libros prohibidos por la SS.
Al terminar la guerra, los nazis huyeron y el palacio regresó a la familia Reinhardt. La viuda de Max, la artista Helene Thiming, ofreció el palacio para ser un centro de estudios sociales y reunir a grandes mentes que pensaran en polos opuestos y así lograr reconstruir Europa después de la guerra. Los organizadores de este seminario compraron la propiedad para que pudiera albergar estudiantes de todo el mundo. En 2014 recibió su nuevo nombre: Hotel Schloss Leopoldskron y ganó el premio como mejor hotel histórico en 2015.
El edificio es magnífico, una gran obra de arte. Conserva estilos rococó y huellas de toda su historia. Hay 12 suites en el palacio y 55 habitaciones en el Meierhof (la antigua administración del palacio). Cada una digna de un rey.
Ir en verano implica una visita obligada al Festival de Salzburgo, herencia de Reinhardt. Cada año la orquesta austriaca llena esta pintoresca ciudad de música y arte. Es en julio y agosto. Pero para vivir la verdadera magia del palacio y los Alpes, la visita obligada es en otoño e invierno. El lago se congela por completo y es absolutamente encantador.
Además de hospedarte en un lugar histórico, el palacio ofrece un buffet cinco estrellas todos los días para el desayuno, además de especialidades a la carta. Un secreto bien guardado del hotel es que cuenta con su propia reserva de vinos que solamente se pueden consumir en su propiedad. De igual forma, ofrece banquetes con especialidades austriacas gourmet, por lo que cada día es un deleite para los sentidos.
Razones sobran para ir al Hotel Schloss Leopoldskron. ¿Qué esperas para ser parte de su historia?