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Black tie, mod noise: La influencia de David Bowie en la moda

David Bowie no sólo innovó en la música como el genio que era, también hizo lo suyo en la actuación, la pintura y la moda, donde permanece como el ícono de la música más influyente.

Por Alfredo Cervera

Es 1972 y suenan a todo volumen The Spiders from Mars con su peculiar alienígena al frente. Es la primera vez que en Londres suena en vivo el repertorio de Ziggy Stardust, pero justo a punto de comenzar “Hang On to Yourself”, vuelve todo a un incómodo silencio; el sonido no sirve y para cualquiera sería el final de todo. Pero Bowie no es cualquiera: huir del escenario no es una opción, va contra el personaje que está interpretando. Así que lo toma como una oportunidad para decirle al auditorio qué decidió ponerse, sin olvidar darle el crédito apropiado a cada diseñador. Como si todo estuviera planeado, la electricidad vuelve a los instrumentos y con ello el alivio de los músicos. En ese momento, Ziggy Stardust ya se había convertido en una leyenda, cuando otros actos hubieran quedado en ridículo.

Sólo alguien como David Bowie hubiera podido reaccionar de esa manera. No por su entrenamiento como mimo o por su amor por la teatralidad. Como muchos adolescentes de su época, su forma de rebelarse era hacer suya la tradición sartorial de sus padres para convertirla en una expresión individual y un pretexto para sacar de quicio a los viejos, todo bajo las mismas reglas que ellos establecieron, pero con un giro en los detalles que volvía lo tradicional y aburrido en algo eléctrico y fascinante, o estridente y estrafalario, según a quién preguntes.

Que David Bowie fuera un mod (o modernist, la subcultura inglesa donde los trajes, los scooters y el jazz eran parte de la membresía); explica cómo entre la multitud de músicos de los swingin’ sixties, la relación entre el artista y lo que usaba, fuera más fascinante con el rey de las transformaciones que con otros contemporáneos. No se han hecho exposiciones con los vestuarios de Mick Jagger en el Victoria & Albert Museum, sino con aquellos atuendos que portó Halloween Jack, Major Tom o The Thin White Duke.

La moda como un envoltorio

El arte y la moda siempre han encontrado la manera de inspirarse mutuamente y dar lugar a nuevas formas de ver el mundo. ¿Qué sería de Lord Byron sin Beau Brummel y el estilo dandy que vestiría la actitud de los próximos poetas malditos? ¿O de Frank Sinatra sin el estilo relajado de sus primeros años que lo convirtió en el primer ídolo juvenil? Alguien que sonaba un poco como los favoritos de los padres como Bing Crosby, pero lucía nuevo y listo para conquistar a millones de adolescentes.

Pero en el caso de Bowie, la moda no sólo fue un modo de envolver al producto, sino un ingrediente para llevar a la música al siguiente nivel. A lo largo de toda su carrera, aunque en distintos grados de intensidad, los atuendos eran parte del mensaje. Podría decirse que sus giras fueron precursores de aquellos desfiles que a finales de los noventa revitalizaron la industria y en manos de diseñadores como Alexander McQueen, comenzaron a ser más eventos de performance art que meros instrumentos de promoción.

Mientras para otros la vestimenta era un feliz accidente, en el caso de Bowie era tan importante como el sonido.

Músicos como The Beatles ya habían demostrado cómo un corte de cabello beatnik, botas con tacón cubano y trajes de Dougie Millings inspirados en Pierre Cardin, podían hacer la diferencia para destacarse entre las decenas de grupos que querían ser el próximo Buddy Holly o Elvis Presley. Pero esa idea fue de Brian Epstein, el mánager, un pensamiento posterior a la música.

En el caso de Bowie, la imagen era parte del proceso, una forma de entrar en el personaje. Sólo con esa forma de pensar puede entenderse que un joven músico británico hojeara una revista de moda y se topara con la colección de Kansai Yamamoto, que aportaría los atuendos y el corte de cabello que definirían a Ziggy Stardust.

Mientras que a personalidades como John Lennon y Paul McCartney les bastaba visitar a Tommy Nutter para mandarse a hacer sus trajes (que pueden apreciarse en la portada de Abbey Road), Bowie encontró su sastre personal en Freddie Burretti, que adaptó a un precio más razonable las creaciones de Yamamoto y de paso crear otras piezas icónicas, como el traje que porta en el video de “Life On Mars” o el jumpsuit con el que interpretó “Starman” en Top of the Pops.

Un artista para los artistas

Con artistas como Madonna o Lady Gaga que echan mano de creativos como Jean Paul Gaultier para encarnar las visiones de sus conciertos, esto suena rutinario, pero quien dio el primer paso fue aquel muchacho de Brixton que alguna vez defendió usar el cabello largo en un programa de televisión.

Tal vez por eso su nombre tiene el vínculo más fuerte y auténtico con el mundo de la moda y sus colaboraciones con diseñadores como Keanan Duffty, siempre fueron celebradas; porque es su nombre e imagen el que sigue inspirando a editoriales de moda como la que hizo Vogue con Kate Moss para homenajear los atuendos más icónicos del músico, o como la que realizó el fotógrafo Sebastian Kim para GQ USA celebrando el lanzamiento del álbum Black Star. Es su nombre -y no el de Brian Ferry o Elvis Presley o Bono- el que puso Alessandro Michele en un cardigan para la colección Otoño/Invierno 2016 de Gucci, y probablemente no será la última vez que el hombre que cayó a la Tierra muestre su influencia en una pasarela. Incluso post mortem.

Bowie es un artista para los artistas. Alguien que nunca pudo sacudirse la necesidad de reinventarse y pasar a lo que sigue. Su inquietud le impulsaba a diseñar nuevos patrones de creación, desde el glam rock, la incorporación de música electrónica experimental, el jazz de vanguardia, hasta la música pop; para inmediatamente abandonarlos en búsqueda de lo siguiente.


Su hambre por crear lo llevó a cazar tendencias, descubrir artistas y probar nuevos estilos de moda. Este espíritu es el que más se asemeja a la constante evolución de la ropa y es lo que seguramente garantizará que David Bowie permanezca no sólo en las listas de los amantes de la buena música, sino que permanezca siendo el poster boy para quienes crean en el poder transformador de elegir la ropa adecuada.

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