Las horas saltantes forman parte de una de las expresiones más particulares de la relojería mecánica.
En lugar de utilizar una aguja para indicar las horas, este sistema muestra el número correspondiente a través de una ventanilla y lo hace avanzar de manera instantánea cada 60 minutos.
Aunque hoy representa una complicación asociada con diseños contemporáneos y de inspiración vintage, su historia se remonta varios siglos atrás y está estrechamente ligada a la evolución de la legibilidad y el diseño de los relojes.
El origen
La indicación de horas saltantes apareció alrededor de 1650 en los relojes de noche. Posteriormente fue adaptada a los relojes de bolsillo durante el siglo XVIII.
Hacia finales del siglo XIX, la incorporación de una segunda ventanilla para los minutos permitió desarrollar una lectura más completa del tiempo mediante discos giratorios.
Durante el periodo de entreguerras, esta solución adquirió especial relevancia en los relojes de pulsera. Además de ofrecer una estética moderna para su época, las esferas con ventanillas permitían jugar con nuevas proporciones y formas de caja.
Fue precisamente en este contexto cuando Audemars Piguet comenzó a desarrollar algunos de sus primeros relojes de pulsera con horas saltantes.
Entre 1924 y 1951, la Manufactura produjo 347 relojes con esta indicación, de los cuales 135 incorporaban doble ventanilla.
El primer modelo, el N.º 27826, contaba con una caja cuadrada, una ventanilla para las horas y una aguja para los minutos, impulsado por el Calibre 10HPVM.
Con el paso de los años, la firma experimentó con cajas cuadradas, rectangulares y de tipo cojín, además de diferentes configuraciones de asas y esferas.
Nuevas interpretaciones
Uno de los capítulos más interesantes de esta historia llegó en 1929, con el Premodelo 1271. Comercializado entre 1929 y 1930, este reloj incorporaba dos ventanillas para indicar las horas y los minutos y fue producido en apenas 14 ejemplares.
Entre sus diferentes versiones destacó una pieza única en platino, actualmente conservada en el Musée Atelier Audemars Piguet. Además, se convertiría décadas después en la inspiración para una nueva interpretación de la complicación.
Tras perder popularidad a partir de la Segunda Guerra Mundial, las horas saltantes volvieron a despertar interés durante las décadas de 1960 y 1970, coincidiendo con la estética Space Age.
Su verdadero renacimiento dentro de la Alta Relojería llegaría a principios de los años noventa, cuando Audemars Piguet comenzó a combinar esta indicación con complicaciones como la repetición de minutos.
Neo Frame Horas Saltantes
En febrero de 2026, Audemars Piguet llevó nuevamente esta tradición al presente con el Neo Frame Horas Saltantes. Se trata de un reloj que recupera elementos del Premodelo 1271 de 1929 y los combina con una construcción contemporánea.
La nueva pieza presenta una caja rectangular de 34,6 x 34 mm, elaborada en oro rosa de 18 quilates y caracterizada por ocho gallones verticales a cada lado. Sus líneas curvas y aerodinámicas hacen referencia al movimiento Streamline, una corriente derivada del Art Déco que encontró inspiración en las formas de trenes y barcos de la época.
Visible a través del fondo de zafiro, el Calibre 7122 también exhibe acabados de Alta Relojería, como Côtes de Genève y satinado, además de una masa oscilante especialmente diseñada para este modelo.
Con el Neo Frame Horas Saltantes, Audemars Piguet establece un puente entre dos momentos de su historia. La experimentación con las horas saltantes durante los años veinte y la búsqueda actual de nuevas soluciones técnicas y estéticas.
Más que recuperar una complicación histórica, la Manufactura la utiliza como punto de partida para reinterpretar uno de sus diseños más singulares. Demostrando así, cómo una idea nacida hace casi un siglo puede adquirir una nueva dimensión en la relojería contemporánea.